Es sorprendente. A veces más que increible.
Hoy, en un momento de evasión de mi mente de lo que estaba haciendo en es momento, me acordé de cuando era un niño (aunque aún siga siéndolo). Me acordé de cuando mi madre me llevaba a la biblioteca a encerrarme entre libros. Recordé también un 23 de abril de hace ya algunos años. Ese día daban unos pequeños libritos con relatos cortos para lo niños. Me encantaba ese pequeño librito de diminutas palabras. Pensé dónde lo podría haber guardado, pero no sabía dónde. Mi sorpresa sería enorme cuando, no hace apenas una hora, sin quererlo apareció ante mis ojos ese pequeño librito. Parecerá una gran tontería, pero para mi es una cosa fascinante. Pensar en una cosa y que por casualidad aparezca. Como cuando te acuerdas de esa película o ese capítulo de una serie y de pronto un día pones la televisión y te encuentras con él. Es una sensación muy agradable.
Hoy no ha sido uno de los mejore días (¿cuándo son buenos?). Odio saberme una cosa y que en unos instantes parezca que no me se nada en absoluto. Me hace sentir la persona más estúpida que existe en este mundo. Pero así es y ha de ser. No podemos saberlo todo de todo.
Y bueno, no se. Estos días me he sentido muy raro. Me he sentido diferente. He sentido como si no tuviese que ser parte de esta sociedad. Más que nunca he sentido que este no es mi siglo. Quisiera saber cuál es la razón por la que vivo en el siglo XXI. Ojalá nos diesen a elegir en que siglo queremos nacer. No hecharía nada de menos: ni televisión, ni internet, ni este mismo blog...
"Ojos que no ven, corazón que no siente". Quizá fuese también muy infeliz en el maravilloso siglo XIX. Peró eso no lo puedo saber, al menos ahora.
Y sin ya nada más que añadir, hasta mañana.
Se despide cordialmente el Gran Duque de Eslonza
No hay comentarios:
Publicar un comentario