sábado, 5 de mayo de 2007

Un mes de amor


Hoy son fiestas en Navatejera. Se han molestado conmigo porque no quería ir a la fiesta. No entienden que para mi esas fiestas no me divierten. Y esa es la finalidad de una fiesta, divertirse.
Yo soy más de fiestas elegantes, con hombres de chaqué y mujeres de trajes largos. Con camareros portando bandejas con copas por la sala. Con una orquesta tocando sin cesar piezas de célebres compositores de otras epocas. Con personas bailando en el centro las piezas que suenan en la gran sala, donde las grandes arañas iluminan toda la estancia. Eso es, para mi, diversión. Pero yo nunca puedo asistir a tales eventos. Por eso me gustaría dentro de unos años hacerme una casita. Una que tenga una gran escalera y una gran sala de baile con grandes ventanales, cortinas de verde terciopelo, suelos de madera, maderes revestidas con paneles de nobles maderas y bellas y grandes arañas colgando del techo, entre frescos de alegorias o de nobles personajes. Eso me encantaría. Ojalá algún día.
También es hoy un día muy importante en mi vida. Ha pasado ya un mes desde que salgo con mi pareja. Creo que recordaré por siempre ese día, un día 5 de abril del año 2007, un Jueves Santo (vaya día aquel). Una conversación y la gran pregunta. Aceptó casi al instante. Amar es tan bonito... pero a veces trae consigo tanto sufrimiento. Mantener una relación a mas de 9800 kilómetros de distancia, con un océano en medio, es algo complicado. Echas de menos a la persona amada. No puedes abrazarla, besarla, sentir el calor de su cuerpo mientras duermes con él... solo te queda pensar mucho en esa persona que roba tu corazón, recordarla cada noche antes de dormir y dirigir una plegaria para que el cielo un día haga ese pequeño sueño realidad. Pero para que los sueños se hagan realidad hay que luchar, no dejarlo todo al azar. Pero tienes esa esperanza de que, quizá, un día te lleves una gran sorpresa y puedas abrazarle en una terminal de un aeropuerto, ante el estupor de algunas personas que volverán su cara mirandote. Pero en ese momento nada importará. Podrás recordar ese instante hasta el instante en que tengas que partir de este lugar. Pero eso ¿de qué serviría?. Luego se iría y todo volvería a la normalidad. Volverían los anhelos, las añoranzas, los pensamientos al aire. Y esperarías cada día que, de pronto, una ventana surgiese de la esquina de la pantalla y te lo encontrases, dispuesto a decirte un montón de cosas maravillosas, recordando ese momento en que nuestros cuerpos se fundieron. Y más tarde, la normalidad.

Desde este blog, se despide el Gran duque de Eslonza

No hay comentarios: